domingo, 30 de junio de 2013

La última y nos vamos

Llovió, tronó, relampagueó y aún así decidimos ir al Hipódromo de las Américas. Fueron mis abuelos, mi hermano, unos amigos y yo. Llegábamos emocionados con la chispa de querer apostar por esos animales tan veloces y tan hermosos como son los caballos.
“¡Mesero!”, gritó mi abuelo. En seguida se acercó y sin pensarlo ordenamos unos platillos para cesar la voraz hambre que nos exigía ejercitar nuestra dentadura. Después de unos cuantos bocados, decidimos entrar de lleno a las carreras para desembolsar los centavos en las apuestas.
“¡Mesero!”, volvió a gritar mi abuelo para pedir el Whiskey que lo acompañaba toda la tarde y así observar el espectáculo de los “centauros” que, si fueran rojos, los confundiríamos con unos Ferraris por su rapidez.
Mientras tanto, mi abuela, mi hermano y yo, platicábamos de qué caballo podría ser el indicado para apostar y ganar… Después de cinco apuestas, nuestras pláticas y estrategias no servían y mi abuelo sólo reía sin parar.
“¡Mesero!”, ahora gritaba mi abuela pidiendo un tequila doble para seguir apostando por aquellos jinetes de baja estatura. Nada cambiaba, todo se repetía de la misma forma, no ganábamos.
Pasaban las horas, las apuestas se agotaban y las ganas se escaseaban. Los ánimos entre mi familia se calentaban por las risas de mi abuelo y las apuestas perdidas de mi abuela. Hasta que de pronto mi abuelo desapareció, no se encontraba en su silla, sólo se encontraba la copa vacía que había saciado su paladar. Pensé que su ausencia era por la pelea que se suscitó entre ellos. El pánico se apoderaba de mí.
Decidí tranquilizarme y seguir con la siguiente competencia, escuchaba en todas direcciones que se trataba del caballo estrella llamado Relámpago. Era un caballo negro, precioso y musculoso. Todos apostaban por él, nadie daba créditos por otro caballo, y sólo él ganaba.
“¡Y aaarrancaaaan!”, decía el narrador mientras los nervios se apoderaban de las tribunas.
Llegaron los caballos a la meta y como esperábamos, Relámpago había ganado sin percatarnos que había una falta por parte de él.
Después de unos minutos, llegó mi abuelo contento y muy emocionado: “¡Gané, gané!, aposté por Tordillo y descalificaron al negro ése”, gritaba sin parar. Dicho y hecho, mi abuelo había ganado a la primera apuesta. Aquella descalificación de Relámpago nos había impactado, no creíamos lo sucedido y estábamos anonadados.

Después de recibir el premio, mi abuelo decidió invitarnos a cenar y es así como solucionaron su discusión.

lunes, 24 de junio de 2013

El sueño de todo niño


Fui de vacaciones a un crucero en el año 2000. Siendo ésta mi primera aventura arriba de un monstruoso barco donde cabían alrededor de 2500 pasajeros de distintas partes del mundo. Se escuchaban conversaciones en chino, alemán, francés, español, inglés y hasta puedo augurar que el mismo hebreo era parte de muchos diálogos entre las familias que se encontraban en altamar. 

Quizá uno que otro me la mentó por verlos  fijamente por la tan conocida curiosidad que a todos nos llega a invadir, y yo ni en cuenta. Solo sonreía y continuaba con mi camino…

Conocí nuevas personas, nuevos lugares, nuevas experiencias. Las albercas eran grandes y en una de ellas había un tobogán enorme, donde muchos de nosotros nos aventamos sin cesar y sin alcanzar el cansancio. Total, éramos chavos. Eran 116 escalones que conducía a un clavado y tal vez hasta a un panzazo, igual era común que toda mamá corriera a salvar a su escuincle baboso que no sabía cómo caer dentro del agua.

El paraíso llegó desde el momento que ingresé al área de comida. En mi brazo derecho se encontraba una pulsera de color morado que indicaba que había comida, bebidas y postres gratis las 24 horas del día, sí, así es, ¿Se imaginan?, pizzas, hamburguesas, hot dogs, baguettes, empanadas y helados todo el día, sin pagar un solo centavo.

Mi vida sólo se preocupaba por: “Hoy debo de comer dos helados con gelatina”, o “Me toca comer después de meterme a la alberca”…  sí, eso era vida. Ahora me preocupo por escribir mi entrada al blog del profesor Cohen, o por el examen de pre cálculo, etcétera.

Desafortunadamente, llegó el día de entregar la poderosísima pulsera morada junto con todos esos actos  tan mágicos, que con tan sólo decir “sí”, llegaba a mi dentadura una rebanada de pizza, o un perro caliente, etcétera.

Supe tiempo después que nada era gratis si no se pagaba antes de zarpar… Sí, viví un sueño, un engaño que todo niño o niña quiere vivir, ser feliz a lado de un cono de cinco pisos sabor vainilla, para sentir el cielo mismo con el paladar.

Después de este viaje tan corto en escritura, pero tan largo en mi pensar, regreso a la realidad para actualizar mi quinta entrada, despertando de golpe para volver a estudiar y llegar de nuevo a la UAM.

lunes, 17 de junio de 2013

Ese día

Era preparatoriana, la vida era ligera y sin tantas responsabilidades, por supuesto era todo color rosa, que en algunas ocasiones como en toda vida existente, el rosa se volvía negro, otras veces azul y en ocasiones blanco.
Era viernes fin de mes, las amigas y amigos se alistaban para el último zumbido de aquella campana que indicaba que las clases habían terminado para iniciar la vida sin tareas y apuntes que a veces aburrían más que la biblia, augurando que está por demás decir que cada viernes era interminable por la espera de aquel sonido sui géneris que alborotaba las endorfinas de cualquier adolescente estudiantil.
Mi reloj y el de todo México marcaron las 14:30 horas, tomé mi mochila y me decidí a ir a la biblioteca Vasconcelos para mi único objetivo: entrar a la Universidad. ¿Alguna vez pensaron cambiar la vida social por un libro y una taza de café acompañada por dos cucharaditas de azúcar para endulzar el momento?, sólo sé que el costo de oportunidad era demasiado alto.
Estaba en la biblioteca, estudiando cosas del diablo, sí, a lo mejor saben a qué me refiero las queridas parábolas que causan dolor de cabeza que ni un “Dolac” ayuda a mejorarlo, cuando de pronto revisé el celular para tener consciencia del tiempo, sin percatarme que tenía un 16% de batería, sin importar más, seguí con mi café, mi libro y mi dolor de cabeza…
De pronto sonó el “ring-ring” seguido de varias vibraciones con el número de mi mamá, le contesté y dije: “¿bueno?” seguido de: “¿Dónde estás?, me tienes muy preocupada, no sé nada de ti”… sin tanta explicación, la plática seguía y los ánimos empezaron a calentarse por parte de mi madre, sin creerme que yo estaba realmente en la biblioteca, mis explicaciones no eran tomadas en cuenta hasta que se me ocurrió que tenía que cambiar la jugada para que no siguiera molestándose, por lo que tomé una decisión extremista y a la vez arriesgada diciéndole: “bueno mamá, lo siento, estoy con mis amigos en una fiesta, llego en una hora a la casa”… se inició un silencio de aproximadamente 3 segundos donde sentí que la virgen me hablaba,  pensé lo peor que me pudo haber pasado… hasta que de pronto se escuchó la voz de mi mamá diciendo: “bueno hija, está bien, no hay problema, sólo dime en dónde estás y no tendremos más discusiones”

¿Qué tipo de moraleja podemos tener después de esta experiencia?... ¿Ir de fiesta y no estudiar?, ¿mentir por ir a la biblioteca y no a la fiesta?... sigo recordando esta experiencia con lágrimas de risa y curiosidad del porqué tuvo esa reacción mi querida madre.

lunes, 10 de junio de 2013

Cuando la virgen te habla

Aquel inolvidable día de mi vida,  que yo sé que cualquier alumno “UAMISTA”  lo recordará por siempre, sí, así es, hablo del domingo 31 de marzo donde se daban los tan esperados resultados de las hojas que estoy seguro que muchos no tuvieron  nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor, recordando al viejo inglés Winston Churchill en aquél discurso que levantó el orgullo Londinense.
Era sábado de fiesta, misma que celebraba el natalicio de mi madre que con tanto orgullo menciono esa palabra de 5 letras unidas que expresan un sinfín de sentimientos y emociones que profundizan un cariño inapelable por la juez que les escribe en estos momentos.
Para no perder la costumbre mexicana, nos deleitábamos con platillos nacionales, como frijoles con epazote, arroz con verduras, tinga de pollo, alambre con queso, chicharrón en salsa verde y otros más que me reservaré a escribirles para no causarles movimiento de la solitaria, pero les impero, era tocar el cielo con el paladar.
El reloj recorría cada número para el transcurso de las horas, donde seguía el ambiente con sones de nuestro mariachi que cantaban los invitados sin cesar. Las bromas, risas y carcajadas se presenciaban a cada instante, era un momento increíble hasta que… me acordé del mismo reloj que marcaba las horas y vi que eran las 00:00 horas y literalmente sentí que la virgen me hablaba.
El terror se apoderó de mí desde  el instante que prendí la computadora, el miedo aumentaba cada milésima de segundo cuando los pasos se escaseaban para darle “click” al explorador que me guiaba a la página oficial de la Universidad Autónoma Metropolitana. Ingresé a la misma, donde tecleé el número de aspirante y el nombre de su servidora… pasaron 10 minutos para darme el valor de darle la señal a la computadora para que leyera los datos y que me aparecieran los resultados.
Después de obtener las agallas, presioné el botón que me llevaría a la vida o a la muerte, vi que había completado los aciertos y que era alumna activa en mi tan querida universidad, sentí que todo mi organismo presentaba en microsegundos la presión baja, “dolor” desde el cabello hasta la uña más extrema del pie y claro, los gritos fueron pioneros para dar la noticia a la familia que todavía se encontraba cantando con sentimiento y con mucho valor.

Fui víctima de abrazos, felicitaciones y de frases que describen la preposición “a” seguido de un blanquillo o un huevo (les exijo imaginación queridos lectores), es así como la madrugada del domingo tan inolvidable les describo, cualquier parecido o semejanza con la realidad es mera coincidencia…

martes, 4 de junio de 2013

Tal y como se indica

La tarde del 28 de Junio de 2012 no imaginé que encontraría al hombre más importante de mi vida: TÚ.

Ni siquiera iba preparada para el encuentro. ¿Qué probabilidades había de hallarte ahí? Y de la nada, ¡ZAZ!, apareciste, luminoso y atrayente como el ángel que eres. Una sola mirada me bastó para quedar anclada a ti. Desde lo más profundo de tu ser hasta lo más banal me gusta. Posees un corazón de oro, un alma pura y unos valores inquebrantables con los cuales estaría dispuesta a comprometerme eternamente. Mientras más te conozco más me hipnotizas.

Ojalá Dios me dé la oportunidad de decirte, algún día, lo especial que eres para mí. Marcaste la diferencia en mi vida. Y aún hoy lo sigues haciendo.

Entraste a mi vida con el objetivo claro de hacerme sentir feliz. ¡GRACIAS! Pues si hoy sonrío créeme cuando te digo que se debe a ti. Y que cada sincera sonrisa que dibuje llevará tu nombre. 

Hace un año y cinco días te conocí. Y si tú supieras que ni siquiera iba a ir a ese evento... ¿te lamentarías de las resoluciones que te ha dado el destino? Entiendo si es así, de hecho ¡pobre de ti!. No me imagino cómo reaccionaría yo con un caso como el que te pongo. Pero... ¡maldita sea! Pudiste, en un año, decepcionarme... ¡Dios! ¡Un año! Y no. ¡Nada! Mientras más te conozco, más cruel es todo. ¿Y sabes por qué? Porque desde que me diste la oportunidad de "acercarme" a ti lo único que obtengo es este melancólico pensamiento de insatisfacción:

Jamás estaremos juntos.

Pues para bien tuyo, estás hecho para la persona que te acompaña día a día. Es perfecta para ti. ¡Y no confundas! ¡Está bien! ¿A dónde hubieras llegado conmigo si estoy rota por dentro? No es mi culpa, ni de nadie; fueron las circunstancias que me tocaron vivir... Una familia desunida, un primer amor unilateral. En fin, por eso, tú necesitas estar con una personita como ella: integra, estable, tranquila... feliz.

De corazón, espero que juntos hagan una vida hermosa. Tienen todo para lograrlo. Eres un ser que vale mucho la pena. Ojalá y ella lo vea.

Así que, por mucho que desee tu compañía, jamás atentaré contra el perfecto equilibrio del Universo. Además, dudo mucho que pudiera. Eres... tú.



Solo me queda algo por decir: "Gracias por existir". Siempre te admiraré.

sábado, 25 de mayo de 2013

Tratando de iniciar con el pie derecho

Era cualquier sábado, siguiendo la rutina de siempre: el último día de la semana para descansar, cuando de pronto en cuestión de segundos llegó a mi pensar el profesor que con actitud de Jefe Revolucionario, en palabras más, palabras menos, me hizo recordar aquella época oscura cuando el paredón existía, donde nosotros íbamos a conseguir el cielo o el infierno dependiendo de la calificación que obtuviéramos...

 Al eco de sus palabras y de mis pensamientos me levanté, tomé mi computadora, abrí este blog y sin más ni menos no supe que hacer.

El reloj marcaba las 4:30 pm en punto y el paseíllo comenzaba…

   La idea de crear un blog era pasajera desde hace tiempo, pero por azares de la vida no me había alentado lo suficiente como para hacerlo, tomé mi pensamiento; y heme escribiendo como novillera apunto de enfrentar a mi primer lote, mi calificación…

   Mi capote, el  primer tercio me hizo analizar las emociones futuras al ser leída por desconocidos, por personas distanciadas a kilómetros de distancia, que tienen  modus vivendus diferente, que piensan y tienen ideologías de izquierda y otros de derecha?

  La felicidad llegó al pensar que iban a leer una parte de mí, escribí como niña con diario para plasmar un momento de mis alegrías donde descubrí que escribía una de ellas, el blog.

   Apodé a mi felicidad la "categoría de oro", supe que después de este escrito, mejoré mi calidad en la verdadera redacción que mi profesor tanto me exigió.

Sin fallar ningún par de banderillas,  nunca pensé hacer esto. Dirán que es un poco absurdo, pero fui bastante feliz al explayarme , me arriesgué en el ruedo a compartir mi mente, mis emociones, una parte de mi felicidad.

   Llegué doscientas noventa y un  palabras y retumbaron parches y metales para el último tercio de la faena. Sólo queda esperar la sentencia del juez de plaza para ver si hay orejas, rabo o indulto…

   Me despido, esperando que esta primera entrada haya sido de ovaciones y no de rechiflos, espero que la estocada haya sido certera, mi  profesor mostrará el pañuelo de la sentencia.

La emoción de haber sentido recorrer mis ideas tras mis dedos y comunicarles a través del teclado una parte de mis pocas neuronas que quedaron después de haber pensado el cómo escribir para obtener la gloria, una MB.


 Se cierra el telón despidiéndome de ustedes, su servidora y jamás torera, Pricila Dominguez.