Fui de vacaciones a un crucero en el año 2000. Siendo ésta mi primera aventura arriba de un monstruoso barco donde cabían alrededor de 2500 pasajeros de distintas partes del mundo. Se escuchaban conversaciones en chino, alemán, francés, español, inglés y hasta puedo augurar que el mismo hebreo era parte de muchos diálogos entre las familias que se encontraban en altamar.
Quizá uno que otro me la mentó por verlos fijamente por la tan conocida curiosidad que a todos nos llega a invadir, y yo ni en cuenta. Solo sonreía y continuaba con mi camino…
Conocí nuevas personas, nuevos lugares, nuevas experiencias. Las albercas eran grandes y en una de ellas había un tobogán enorme, donde muchos de nosotros nos aventamos sin cesar y sin alcanzar el cansancio. Total, éramos chavos. Eran 116 escalones que conducía a un clavado y tal vez hasta a un panzazo, igual era común que toda mamá corriera a salvar a su escuincle baboso que no sabía cómo caer dentro del agua.
El paraíso llegó desde el momento que ingresé al área de comida. En mi brazo derecho se encontraba una pulsera de color morado que indicaba que había comida, bebidas y postres gratis las 24 horas del día, sí, así es, ¿Se imaginan?, pizzas, hamburguesas, hot dogs, baguettes, empanadas y helados todo el día, sin pagar un solo centavo.
Mi vida sólo se preocupaba por: “Hoy debo de comer dos helados con gelatina”, o “Me toca comer después de meterme a la alberca”… sí, eso era vida. Ahora me preocupo por escribir mi entrada al blog del profesor Cohen, o por el examen de pre cálculo, etcétera.
Desafortunadamente, llegó el día de entregar la poderosísima pulsera morada junto con todos esos actos tan mágicos, que con tan sólo decir “sí”, llegaba a mi dentadura una rebanada de pizza, o un perro caliente, etcétera.
Supe tiempo después que nada era gratis si no se pagaba antes de zarpar… Sí, viví un sueño, un engaño que todo niño o niña quiere vivir, ser feliz a lado de un cono de cinco pisos sabor vainilla, para sentir el cielo mismo con el paladar.
Después de este viaje tan corto en escritura, pero tan largo en mi pensar, regreso a la realidad para actualizar mi quinta entrada, despertando de golpe para volver a estudiar y llegar de nuevo a la UAM.
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