sábado, 25 de mayo de 2013

Tratando de iniciar con el pie derecho

Era cualquier sábado, siguiendo la rutina de siempre: el último día de la semana para descansar, cuando de pronto en cuestión de segundos llegó a mi pensar el profesor que con actitud de Jefe Revolucionario, en palabras más, palabras menos, me hizo recordar aquella época oscura cuando el paredón existía, donde nosotros íbamos a conseguir el cielo o el infierno dependiendo de la calificación que obtuviéramos...

 Al eco de sus palabras y de mis pensamientos me levanté, tomé mi computadora, abrí este blog y sin más ni menos no supe que hacer.

El reloj marcaba las 4:30 pm en punto y el paseíllo comenzaba…

   La idea de crear un blog era pasajera desde hace tiempo, pero por azares de la vida no me había alentado lo suficiente como para hacerlo, tomé mi pensamiento; y heme escribiendo como novillera apunto de enfrentar a mi primer lote, mi calificación…

   Mi capote, el  primer tercio me hizo analizar las emociones futuras al ser leída por desconocidos, por personas distanciadas a kilómetros de distancia, que tienen  modus vivendus diferente, que piensan y tienen ideologías de izquierda y otros de derecha?

  La felicidad llegó al pensar que iban a leer una parte de mí, escribí como niña con diario para plasmar un momento de mis alegrías donde descubrí que escribía una de ellas, el blog.

   Apodé a mi felicidad la "categoría de oro", supe que después de este escrito, mejoré mi calidad en la verdadera redacción que mi profesor tanto me exigió.

Sin fallar ningún par de banderillas,  nunca pensé hacer esto. Dirán que es un poco absurdo, pero fui bastante feliz al explayarme , me arriesgué en el ruedo a compartir mi mente, mis emociones, una parte de mi felicidad.

   Llegué doscientas noventa y un  palabras y retumbaron parches y metales para el último tercio de la faena. Sólo queda esperar la sentencia del juez de plaza para ver si hay orejas, rabo o indulto…

   Me despido, esperando que esta primera entrada haya sido de ovaciones y no de rechiflos, espero que la estocada haya sido certera, mi  profesor mostrará el pañuelo de la sentencia.

La emoción de haber sentido recorrer mis ideas tras mis dedos y comunicarles a través del teclado una parte de mis pocas neuronas que quedaron después de haber pensado el cómo escribir para obtener la gloria, una MB.


 Se cierra el telón despidiéndome de ustedes, su servidora y jamás torera, Pricila Dominguez.