lunes, 10 de junio de 2013

Cuando la virgen te habla

Aquel inolvidable día de mi vida,  que yo sé que cualquier alumno “UAMISTA”  lo recordará por siempre, sí, así es, hablo del domingo 31 de marzo donde se daban los tan esperados resultados de las hojas que estoy seguro que muchos no tuvieron  nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor, recordando al viejo inglés Winston Churchill en aquél discurso que levantó el orgullo Londinense.
Era sábado de fiesta, misma que celebraba el natalicio de mi madre que con tanto orgullo menciono esa palabra de 5 letras unidas que expresan un sinfín de sentimientos y emociones que profundizan un cariño inapelable por la juez que les escribe en estos momentos.
Para no perder la costumbre mexicana, nos deleitábamos con platillos nacionales, como frijoles con epazote, arroz con verduras, tinga de pollo, alambre con queso, chicharrón en salsa verde y otros más que me reservaré a escribirles para no causarles movimiento de la solitaria, pero les impero, era tocar el cielo con el paladar.
El reloj recorría cada número para el transcurso de las horas, donde seguía el ambiente con sones de nuestro mariachi que cantaban los invitados sin cesar. Las bromas, risas y carcajadas se presenciaban a cada instante, era un momento increíble hasta que… me acordé del mismo reloj que marcaba las horas y vi que eran las 00:00 horas y literalmente sentí que la virgen me hablaba.
El terror se apoderó de mí desde  el instante que prendí la computadora, el miedo aumentaba cada milésima de segundo cuando los pasos se escaseaban para darle “click” al explorador que me guiaba a la página oficial de la Universidad Autónoma Metropolitana. Ingresé a la misma, donde tecleé el número de aspirante y el nombre de su servidora… pasaron 10 minutos para darme el valor de darle la señal a la computadora para que leyera los datos y que me aparecieran los resultados.
Después de obtener las agallas, presioné el botón que me llevaría a la vida o a la muerte, vi que había completado los aciertos y que era alumna activa en mi tan querida universidad, sentí que todo mi organismo presentaba en microsegundos la presión baja, “dolor” desde el cabello hasta la uña más extrema del pie y claro, los gritos fueron pioneros para dar la noticia a la familia que todavía se encontraba cantando con sentimiento y con mucho valor.

Fui víctima de abrazos, felicitaciones y de frases que describen la preposición “a” seguido de un blanquillo o un huevo (les exijo imaginación queridos lectores), es así como la madrugada del domingo tan inolvidable les describo, cualquier parecido o semejanza con la realidad es mera coincidencia…

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