Aquel inolvidable día de mi vida, que yo sé que cualquier alumno “UAMISTA” lo recordará por siempre, sí, así es, hablo
del domingo 31 de marzo donde se daban los tan esperados resultados de las hojas
que estoy seguro que muchos no tuvieron nada más que ofrecer que sangre, esfuerzo,
lágrimas y sudor, recordando al viejo inglés Winston Churchill en aquél
discurso que levantó el orgullo Londinense.
Era sábado de fiesta, misma que
celebraba el natalicio de mi madre que con tanto orgullo menciono esa palabra
de 5 letras unidas que expresan un sinfín de sentimientos y emociones que
profundizan un cariño inapelable por la juez que les escribe en estos momentos.
Para no perder la costumbre
mexicana, nos deleitábamos con platillos nacionales, como frijoles con epazote,
arroz con verduras, tinga de pollo, alambre con queso, chicharrón en salsa
verde y otros más que me reservaré a escribirles para no causarles movimiento
de la solitaria, pero les impero, era tocar el cielo con el paladar.
El reloj recorría cada número para
el transcurso de las horas, donde seguía el ambiente con sones de nuestro
mariachi que cantaban los invitados sin cesar. Las bromas, risas y carcajadas
se presenciaban a cada instante, era un momento increíble hasta que… me acordé
del mismo reloj que marcaba las horas y vi que eran las 00:00 horas y
literalmente sentí que la virgen me hablaba.
El terror se apoderó de mí
desde el instante que prendí la
computadora, el miedo aumentaba cada milésima de segundo cuando los pasos se escaseaban
para darle “click” al explorador que me guiaba a la página oficial de la
Universidad Autónoma Metropolitana. Ingresé a la misma, donde tecleé el número
de aspirante y el nombre de su servidora… pasaron 10 minutos para darme el
valor de darle la señal a la computadora para que leyera los datos y que me
aparecieran los resultados.
Después de obtener las agallas, presioné
el botón que me llevaría a la vida o a la muerte, vi que había completado los
aciertos y que era alumna activa en mi tan querida universidad, sentí que todo
mi organismo presentaba en microsegundos la presión baja, “dolor” desde el
cabello hasta la uña más extrema del pie y claro, los gritos fueron pioneros
para dar la noticia a la familia que todavía se encontraba cantando con
sentimiento y con mucho valor.
Fui víctima de abrazos,
felicitaciones y de frases que describen la preposición “a” seguido de un
blanquillo o un huevo (les exijo imaginación queridos lectores), es así como la
madrugada del domingo tan inolvidable les describo, cualquier parecido o
semejanza con la realidad es mera coincidencia…
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